lunes, 15 de octubre de 2018


El comunicador César Hernández "huyó"
de un partido de Aguilas y Licey

Anécdota/ Por Ramón Lora

SANTIAGO, República Dominicana.-En  medio del bullicio, el gentío y el ambiente abigarrado que predominaba en un partido de Aguilas y Licey, el periodista César Hernández, director del canal 25 de Santiago, vivió una experiencia que jamás podrá olvidar.

A César, como a la mayoría de los dominicanos, le fascina “la pelota de invierno”, pero, casi siempre, llega retrasado a los partidos.

Es oportuno recordar que el Estadio Cibao es un “edén”. Es un placer asistir a un partido de pelota. Allí usted encuentra de todo. Al Mago Cucharimba con sus trucos, al “Aguilita” con sus oportunas ocurrencias y a las bailarinas aguiluchas con sus movimientos cadenciosos.

También a un fanático en cuclillas, embicado de un poste o de una “fría”, que constantemente vocifera: “hoy comeremos “asopao de Tigres”, “filete de toro”, “lomo de elefante”, “guiso de leones” o “pechuga de gigante”.

Y precisamente, en medio de ese panorama jubiloso y placentero, César, aguilucho de pura cepa, llegó al “valle de la muerte”, como también se le llama al Estadio Cibao, (frase acuñada por el versátil periodista Rolín Fermín), para presenciar un partido de Aguilas y Licey.
                              
Ya en el interior, se internó en una tertulia, como era su costumbre y comenzó a libar, pues no es abstemio; mientras escuchaba chistes, anécdotas y discusiones deportivas.

Las Aguilas ganaban cuatro a tres a los Tigres en el cuarto episodio, pero César no estaba atento al desarrollo del partido. En la primera entrada del quinto no se percató que el equipo azul estaba a la ofensiva y que uno de sus bateadores había conectado un cuadrangular con un corredor en base.

Cuando “estalló” la algarabía de los fanáticos liceístas, creyó que era el equipo de Las Aguilas que estaba “acabando” con el Licey y “brincó” de alegría. Por esa reacción, sus amigos aguiluchos, muy sorprendidos, pensaron que había cambiado su preferencia para el Licey.

Ante el estupor de sus amigos, César, de manera muy disimulada atinó a preguntar:

¡ Oh…! ¿Qué equipo está bateando ?.....

Oye eso, usted parece liceísta. Está ganando el Licey – le contestó un fanático aguilucho, con su faz “amarrada”.

Ante la reacción del fanático y de sus compañeros, César puso como pretexto una necesidad fisiológica y con esta evasiva desapareció del lugar raudo y veloz.

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Esta anécdota está contenida en el libro "Anécdotas de Periodistas y Comunicadores de Santiago", de la autoría del periodista y abogado Ramón Lora.  


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